Rabat y Casablanca
Comentarios por Gregorio Escudero

CASABLANCA: Es la ciudad más grande y más sofisticada de Marruecos con una población de más de 3,5 millones de habitantes. Es la capital económica del país y en sus alrededores se encuentra más de la mitad de la industria marroquí. Su puerto tiene un gran tráfico. Rica, eficiente y aerodinámica, con avenidas de rascacielos imponentes que podrían ser de cualquier país del mundo, es la ciudad marroquí más moderna. No es atractiva ni exótica, ni tan siquiera típicamente marroquí, pero los turistas la visitan por sus tiendas bien equipadas, por su fama de vida nocturna animada, y tal vez por su mismo nombre, que sugiere aventuras y romances.

Centraremos en tres sectores de la ciudad: el centro elegante, la nueva mezquita de Hassan II y en contraste refrescante con la extravagancia de los dos anteriores la medina vieja y la nueva. Las zonas periféricas de la ciudad, sobre todo la industrial alrededor del puerto, son ruidosas y sucias, y el tráfico es una pesadilla. Por suerte todo lo que vale la pena ver (a excepción de la mezquita) se concentra en el centro.


RABAT: Es tanto una antigua ciudad imperial como una capital moderna administrativa y logra combinar ambos aspectos satisfactoriamente. Es la residencia del monarca, la sede de gobierno y de 80 embajadas extranjeras. Sus remarcables tesoros artísticos que se hallan tanto dentro como fuera de las murallas antiguas, están bien conservados y desde el punto de vista del visitante, Rabat, es una ciudad pequeña y fácil para orientarse. Sus principales atractivos son la kasbah de los Oudaias, la medina, la torre de Hassan y la necrópolis de Chellah. El museo arqueológico se encuentra en la ciudad nueva (la ville nouvelle) y es obligado visitarlo; si el tiempo lo permite vale la pena darse una vuelta por el Mechouar.


©Carlos Martínez